A finales de 2018 escribí un texto teatral donde, curiosamente, su protagonista vivía encerrada en una habitación desde la que se comunicaba con el mundo a través de la tecnología.

Incluí varias canciones que interrumpían las acciones: escribí Amor liquido inspirada en Zygmunt Bauman, reconstruí consignas y compuse Mayo del 68 y también escribí la letra del rap Canción del Perdón. Además recreé Imagine de Jonh Lennon en otro registro.

¿Sinceramente? Es posible que en el Año I d.CV o lo que es igual, cuando salgamos de este túnel llamado Coronavirus muchos referentes y contenidos ya no nos sirvan. Lejos quedarán las revueltas estudiantiles del pasado siglo o canciones por la paz en plena guerra de Vietnam.

La práctica del confinamiento nos ha girado la mirada a planos de pensamiento, interacción y emocionales que no estaban en nuestro mapa.

Ejercer el músculo creativo desde esta dimensión y percibir los cambios de gustos y comportamientos que pueden sucederse en la época postcoronavirus es un auténtico enigma.

Aunque el virus global nos ha obligado a bajar telones, también el de la cultura, es imprescindible la presencia, desde la creatividad, de una crónica libre de aditivos, con el principal objeto de provocar una mirada, tan necesaria, hacia la nueva realidad que estamos viviendo. Y por cuestión de salud mental, tratar de no perder, al menos, el efecto muscular y sìquico de  la sonrisa.

Brota, desde la cascada de noticias y mensajes que a diario recibimos, desde las sensaciones en esta nueva cuadratura, seguir dibujando preguntas para verificar que continuamos despiertosY así, siento brotar este acto de micro sketchs en una línea en la que se proyectan emociones y sentimientos junto al recien germinado nuevo teatro existencialista.

Aquí y ahora, surge así... cuando me siento a respirar frente al espejo.